Calzas y Renoletas
Roberto Rubèn tiene una manta de bello púbico que le cubre el cuerpo. Desde que era chico lo cargaban porque tenía pelos rubiecitos en casi todo el cuerpo, pero eso que era clarito y agradable, luego, con el tiempo, se convirtió en algo negro, ruludo y de un grosor considerable. Las chicas no le daban bola porque era el centro de las burlas. Nunca aprendió a nadar porque no se animaba a ir a la pileta del club, sabía lo que pasaría si la gente lo veía sacarse la remera para entrar al agua. Su padre lo intentó convencer y le compró un traje de rana, de los pulenta, pero todo terminó de la peor manera cuando Roberto Rubén se dio cuenta de que medio kilo de rulos se habían atorado en el cierre del traje de rana, tuvieron que llamar a la guardia civil para sacarlo del baño, todo, claro está, ante la atenta mirada de las chicas del barrio. Una noche, estaba sentado en la terraza de su casa y se dio cuenta de que la única solución a su problema era la depilación definitiva. Sabía por un amigo
travesti que en Ciudadela había una persona con una máquina que había entrado de contrabando por Paraguay y que podía hacerle la definitiva a mitad de precio.Roberto Rubén consiguió
un laburito en un cotillón Judío y juntó pesito por pesito. Esta tarde terminó de juntar la plata y salió del trabajo contento. Se subió a la Gilera y la fondeó por avenida Córdoba, la tarde pesaba en el cielo y Roberto Ruben se desabotonó la camisa y dejó su pecho al viento. Miraba las nubes caminar en el cielo y sentía el viento en el pecho, se imaginaba que la velocidad que le tocaba el pecho le arrancaba el pelo pectoral. Metro a metro le ganaba terreno al sueño, un sueño depilador que le cambiaría la vida. El puente se acercaba, era un puesto de peaje a la suavidad, a las chicas fáciles, a los créditos hipotecarios, la barrera se levantaría y su vida comenzaría a funcionar. Los pelos, el viento, la sensación de la caricia del pelo juguetón en el pecho. Roberto Rubén.

